Viernes, 05 septiembre 2008[4]
Amanece igual
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de gris como anocheció, y nuestras expectativas de disfrutar de la impresionante cascada de
Gullfoss son bastante bajas. Es la cascada más famosa de Islandia, hecho evidente a juzgar por la cantidad de autobuses llenos de turistas que van desfilando uno tras otro. La cascada es un doble salto de agua de 32 metros que desprende un denso vapor de agua antes de desaparecer por un estrecho congosto. No nos deja indeferentes.
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Nos dirigimos de regreso a
Reykjavík haciendo varios altos en el camino. Paramos primero a ver el cráter
Kenid, un volcán extinto de 3000 años junto a la carretera que contiene un verde lago en su interior. Seguimos hasta
Hveragerdi, un pueblo situado encima de un activo campo geotérmico que se aprovecha para calentar y mantener invernaderos. Deseosos de conocer su tecnología y evitando las visitas más turísticas, entablamos conversación con la dueña de uno de los invernaderos que nos explica cómo canalizan el vapor y lo utilizan a modo de calefacción para los invernaderos. Utilizan además unas lámparas naranjas muy características para emular la luz del sol durante los oscuros inviernos, cuando sólo ven el sol cuatro horas al día. Nos muestra cómo crecen ya las plantas para la campaña navideña y nos muestra árboles frutales cómo manzanares, perales y bayas que sobreviven todo el año. Muy amablemente nos da a probar también alguno de éstos suculentos frutos. Por un día evitamos el almuerzo de gasolinera y disfrutamos del buffet de un restaurante-pastelería del pueblo:
Kjöt og Kúnst, muy recomendable.
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Continuamos nuestro viaje por carretera hasta la siguiente parada: la central geotérmica de
Hellisheidi. Esta central genera electricidad y agua caliente del vapor que sale a presión del campo geotérmico sobre el que se asienta y abastece a Reykjavík. Tuvimos la suerte de llegar a la vez que un grupo que tenía una visita turística concertada y nos unimos a ellos sin dudarlo. Nos explicaron en detalle su funcionameniento y sus características.
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Finalmente llegamos a la capital,
Reykjavík, al atardecer. Desde la terraza del edificio
Perlan, que alberga un museo sobre los vikingos, y situado en la cima de una colina que domina la ciudad, obtenemos nuestra primera impresión de lo que abarca y ocupa la capital. La lluvía nos echa del lugar y continuamos dando una vuelta en coche por la ciudad. Recorremos la calle principal y paramos a ver
Höfdi House, probablemente la casa más bonita de la ciudad, y donde Reagan y Gorbachev firmaron el final de la guerra fría. Paseamos por los alrededores del lago
Tjörnin y acabamos cenando en un restaurante del centro.
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